4/11/08

Pies fríos y cabeza embotá

Hay días que tengo la cabeza ‘embotá’, será de dormir porque salir no salgo ni tomo nada. Soy un tío que se cuida, reformado de cualquier clase de adicción, pongo mucho cuidado en no caer en vicios porque era propenso…pero no sigo por estos derroteros de hablar de mis cosas que se revuelven como las tripas que suenan porque no quiero diseccionarme. Debe ser la afición que he cogido a los CSI televisivos, esas tramas que se desarrollan frente a un cadáver abierto sobre la mesa del especialista forense. Supongo que debe ser bueno contra la delincuencia hacernos creer que la criminalística está tan avanzada, con esas recreaciones virtuales y artificiales de los asesinatos y el inspector de turno al que no se le pasa nada. Pues prometí que me sacaría de la mesa forense y del análisis de mis tripas, del diván del psicólogo como de cualquier mesa. No pretendo aburrir a nadie. Sólo sería interesante para mi analizar lo que se siente en otros divanes, en la cama mismo pero mirando hacia el otro porque lo mío me aburre ya y lo otro me hace chispita, es un mundo tan desconocido, es el horizonte Marte. En lo que dure el invierno y sienta frío en los pies seguiré expresando ese deseo de encontrar la intimidad. Suena a salvación. Leyendo blogs encuentro uno de un señor casado que habla de las cosas de la convivencia ‘que no le contaría a su mujer’ y son esos roces cotidianos pero escritos de una forma tierna y divertida que dejan entrever en el fondo que hay amor. Hay en sus palabras una fuerza intrínseca de querer comprender, de salvar los obstáculos con filosofía porque te ayuda el poder de un sentimiento profundo. Le deseo que mantenga esa devoción porque los matrimonios estables son una cosa que ya…puf, como los trabajos. Antiguamente duraban cuarenta años pero ya es eso, decir antiguamente y acostumbrarse a los puentes levadizos que se menean, a los cambios adaptativos, nada es eterno pero cada vez menos. Aún así cuando uno está soltero y va adquiriendo una cierta edad se va perdiendo orgullo de autosuficiencia y se gime más por el deseo de que nos aguanten estoicamente como fieles compañeros. Es el mito del esclavo o la esclava que nos siga fielmente, siempre con disposición a curarnos las heridas, a aguantar nuestros malhumores y nuestras bromas pesadas, nuestros genios y caprichos, pero cada vez hay menos. Cada vez se prostituyen más los sentimientos y a la vez se blinda más la desconfianza y es más difícil encontrar aliados. ‘En una crisis tan profunda abundan los parásitos’, creo leer en muchas aptitudes, en muchos miedos arraigados ¿Cuándo volveremos a la brillante inocencia de la chispa emocional?
Publicar un comentario