15/11/08

Pandilla Utopía


El pensador yacente, en calzoncillos y mirando al armario, a punto de salir o no a la calle. Sabe que le da palo ya ponerse en el punto de mira solo, puesto que es seguro que no encontrará el refugio de la Pandilla Habanilla. Aquel espejismo de grupo se disolvió, para bien o para mal. Para bien porque se interrumpió un camino certero hacia la golfería, para mal porque volvió a sus correrías como individualista. Y ya se sabe, poner el disco en la cabeza para no sentir los propios latidos, obviar aquello que le dice que le tomarán por loco solitario, controlar las apariencias, sentir el frío en los pies, sentir como altísimos los obstáculos para cualquier entrada. Aquello que era antes un reto porque iba de picaflor, de huye compromisos, ya no le sienta bien porque detecta fácilmente el sabor amargo de la soledad. Utópica pandilla, idílica adolescencia perdida, las cervezas entraban como el aire al respirar, ya no. El pensador está en ese umbral en el que muchos se compran un perro o adoptan un joven para sentirse rejuvenecido, en el que se teme cualquier enlace o conexión porque quizás podría convertirse en fundamental, en deseos de correspondencia. Y ya daño no, no desea necesitar a alguien pues ha solidificado su armadura de samurai, ha vuelto a inflar la burbuja de jabón a su alrededor. Tendría que ser una sonrisa, unas caricias, un solícito interés, lo que prendiera el fuego para amar de nuevo. Poca cosa para mirar menos a su entorno y sentir que nadie le despierta, que le ponen los pies en el suelo. Poca cosa pero un precipicio. Pandilla Habanilla, risas entre volutas de humo, hoy el pensador es más capaz de un conversación profunda pero quién quiere algo así bajo una noche alumbrada por faroles, en esa búsqueda frenética del olvido y del alivio de los pesares. Era pasar de una mano a otra sin detenerse, repetir los mismos lugares comunes y conversaciones banales, enarbolar la bandera de la amistad. Era nacer y morir todos los días en los brazos de la Pandilla Habanilla… y entre tanta charla robar una caricia.
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